domingo, 13 de diciembre de 2009

EJERCIO DE MEDICO PARA PAGARSE LOS ESTUDIOS DE PROSTITUTA


La joven sevillana María de los Ángeles Flores tuvo su vocación clara desde niña: quería ser puta. Sin embargo dada su situación personal, su origen en una familia rica y con unos padres embrutecidos por años de dedicación a las finanzas y al derecho empresarial, no  era propicia para la realización de su sueño. Cuando a los quince años comunicó sus planes a su padre, recibió un fuerte rechazo que la desanimó de la persecución de su carrera en la calle. Las palabras de su padre le hicieron ver los peligros de la profesión que ella había elegido para sí: inestabilidad de ingresos, ausencia de cotización a la seguridad social, imposibilidad para desgravar el IVA… Mientras que todas las ventajas que la niña presentó al padre (flexibilidad de horarios, bajo coste de las materias primas, relación sin intermediarios con el cliente…)  resultaron ridiculizadas por el progenitor. 
Sin embargo, lejos de rendirse ante los imperativos familiares, María de los Ángeles se fue de casa en busca de una quimera, rompiendo la relación con su padre. Su carencia económica le imposibilitaba el pago de la matricula para la “Escuela de la Calle y  Oficios Nocturnos”. Centró sus esperanzas en la obtención de la beca que otorgaba la “Fundación para el Fomento del Vicio”, que le fue negada en cuanto se descubrieron sus orígenes entre lo más alto de la sociedad. Esta situación obligo a María de los Ángeles a  emplear el único recurso que le quedaba para ganarse la vida y reunir el dinero para la matricula: ejercer la medicina. Aplicando las enseñanzas aprendidas  durante las estancias estivales con su tío en Valencia, donde este era cirujano jefe de un hospital, fue abriéndose camino en la vida y reuniendo los fondos que necesitaba.  Comenzó trabajando en la calle, como la mayoría de quienes comienzan  en la medicina, ofreciendo sus servicios a los caminantes que parecían mostrar algún síntoma de algo. Sin embargo la peligrosidad inherente a esta tarea dirigió su estrategia hacia la sección de contactos de los periódicos, a través de la cual recibió muchos encargos tanto para recibir clientes en su casa como para despedidas de soltero. Ella misma confiesa lo desagradable que le resultaba ejercer su profesión: “Una nunca sabía lo que le podía pedir el siguiente cliente, lo mismo que le mirase la garganta o que le auscultase el pecho, no tenían ningún pudor a la hora de solicitar mis servicios, sin importarles acaso mis sentimientos. Sin embargo las tentaciones de abandonar todo aquello desaparecieron cuando empezó el curso en la “Escuela de la Calle y  Oficios Nocturnos”, la perspectiva de un futuro cada vez más próximo, y los conocimientos y técnicas que estaba adquiriendo contrarrestaban el desanimo que mi trabajo me producía. En la escuela no sabían a que me dedicaba para pagarme los estudios, supongo que si se hubiesen enterado me habrían expulsado inmediatamente, son muy intransigentes con esas cosas, solamente se lo confesé a la profesora de ‘Técnicas geisha II’ con la que establecí una relación de amistad”. Tras la finalización de sus estudios María de los Ángeles logró montar un piso donde ejercer junto a una compañera de la escuela donde atender a los clientes, el éxito de su negocio le ha permitido abrir sucursales en otras capitales de provincias. Una vez con el sueño cumplido volvió a la casa familiar a enseñarle a su padre todo lo que había aprendido y el éxito profesional en el mundo de la prostitución que había logrado. Tras este encuentro el padre reconoció su error y la readmitió en la familia, reconociendo que su hija era “la mejor en lo suyo”.

2 comentarios:

My dijo...

La vida de médico, que es muy puta...

pomelito dijo...

Yo conozco la misma historia, pero con un arquitecto.